Historia

Historia de Gata

  • Historia de Gata

Gata está situada al nordeste de la Marina Alta, en la llanura que se forma al sur del Montgó. Tiene un término municipal de 20,30 Km2, que limita con Pedreguer, Dénia, Teulada, Benissa, Senija y Llíber. Más de dos tercios son tierra montañosa, especialmente al sur, con elevaciones como la Solana, el tossal de Llacinta, el Serrillars, el tossal Aspre o el tossal del Moro. La superficie es más llana en el tercio norte del término, cosa que ha facilitado la comunicación con Xàbia al este y con Pedreguer y Ondara al noroeste. Esta tierra, es la más productiva con zonas de regadío alcanzadas por los barrancos de las Valls y de la Rana. Actualmente Gata tiene 5.825 habitantes.

                El antiguo pueblo nació en la parte norte del río de Gorgos, enclavado entre este curso de agua y un barranco. Sabemos que el pueblo ya se había ensanchado más allá del Barranquet en el siglo XVII. Al final de la década de 1930, después de levantar el puente de las Alcolaies, el pueblo empezó a expandirse también a la otra orilla del río.

                Los primeros restos de presencia humana alrededor del pueblo son las pinturas rupestres encontradas en les coves Roges y algunos enseres datados 12.000 años a. de C. Además, hay identificados vestigios de una antigua villa romana en el paraje dels Ecles, datados entre el siglo I y el siglo V d. de C, a la cual se han vinculado otros hallazgos situados en partidas vecinas, como la alfarería de l’alter de Perdigó, en el término de Dénia, o el asentamiento cerámico de la Rana.

                No obstante, no hay constancia escrita clara de la existencia del pueblo hasta 1348, cuando Pere el Ceremoniós dio Gata al noble catalán Berenguer d’Abella. Anteriormente, el libro de Reparto (1249) mencionaba la alquería de Gorgo, en el término del Ocaive, que posteriormente, al final del XIV y a primeros de XV, estaba vinculada al lugar de Gata, junto con la alquería dels Ecles.

                Hasta el 1609 Gata fue uno de los muchos lugares de la Marina Alta, habitados por musulmanes. Al final del siglo XV Gata pasó a manos de los Íxer, señores también de Xaló; el 1535 se desmembró eclesiásticamente de Dénia y se erigió en parroquia. De esta etapa se conservan el cementerio islámico encontrado debajo de las casas de la calle Xaló y, según la tradición oral, otras construcciones, como la senieta de Gorgos, el pozo de Pedreguer, El Olivo de los Moros...

                En 1609, después de la expulsión de los moriscos, Gata, que contaba con unas 150 casas, quedó despoblada. Muy pronto, pero se llenaron de nuevo las calles: el 4 de marzo de 1611 se firmó la carta puebla entre los nuevos habitantes y Pere Acasi de Joan Montagut y de Íxer, señor de l'Alcúdia, el Valle de Xaló y Gata. Casi la mitad de los 36 signatarios, no se quedaron. En 1645 Jerónima de Íxer y 48 pobladores aprobaron un nuevo contrato en que no se exigirían censos económicos a los vecinos, sino la partición de frutos. La procedencia de los nuevos gateros es tanto valenciana cómo insular (sobre todo mallorquina, con algún ibicenco), cosa que explica determinadas particularidades del habla local.

                Parece que fue al final del siglo XVII cuando se edificó la actual iglesia, si bien la tradición lo atribuye anacrónicamente, a la Duquesa de Almodóvar, quien nació a mediados del siglo siguiente. De este mismo tiempo data la construcción de la Ermita del Santísimo Cristo del Calvario. Cuenta la tradición que las tropas napoleónicas no pudieron pasar de un gran árbol blanco que había cerca de la ermita, donde se habían hecho fuertes los gateros. Este milagro del Santísimo Cristo del Calvario salvó a los residentes locales.

                El siglo XIX ha sido señalado como el del máximo auge del comercio de la pasa, cosa que provocó la alteración de la geografía gatera: se hicieron grandes cortijos (abancalamientos de montaña, según el habla local) para cultivar uva de moscatel y se construyeron muchos riuraus repartidos por el término para proteger la pasa de la lluvia. No obstante, durante la segunda mitad del siglo XIX y el principio del XX, la emigración afectó fuertemente el pueblo: varias familias se fueron a trabajar a la Ribera o a la vendimia en Francia; otras emigraron a Argelia y, sobre todo, a Argentina y a otros países americanos, como Cuba o los Estados Unidos. En 1914, cuando todavía duraba el proceso migratorio, se cuentan 63 cabezas de familia emigrados sólo a América, que sumados a las personas que tenían a su cargo son 192 gateros.

                Son también los años del auge del comercio con productos hechos con “llata”, tejidos por las gateras con la palma del palmito encalada y secada. Esta actividad económica y la producción de pasa han sido caudales para Gata y los pueblos vecinos; no en balde encontramos documentadas las dos industrias desde el siglo XV. Además, la llegada del tren en 1941 facilitó el comercio. Cinco años después se impuso a Gata el apodo de Gorgos por real decreto. Para distinguirla de otra Gata situada en Extremadura.

                En la década de los sesenta del siglo pasado, tanto la producción de pasa como la de objetos de llata quebraron y las fábricas empezaron a desaparecer o a transformarse en nuevas empresas de muebles, de importación... Quizás por eso no se ha apostado por el sector de la construcción para el turismo hasta el nuevo milenio, cosa que ha propiciado que el pueblo haya mantenido un volumen de población estable y haya conservado bastante bien el término municipal y las tradiciones locales.

Extraído del folleto “Toponímia dels pobles valencians: Gata de Gorgos” de Joan Giner Monfort.